De Michoacán a Chiapas: Una partera purépecha habla sobre su crecimiento profesional

Herlinda Basilio, quien hoy en día es partera profesional, recuerda muy bien la primera vez que presenció un parto.

“Tengo dos hermanas menores y una mayor,” cuenta Herlinda, quien ahora labora en Compañeros En Salud. “Cuando tenía yo como 7 años, nació mi hermana menor, y yo quería verlo, quería ver cómo sucedía el parto”.

Debido a su corta edad, Herlinda no pudo ver el proceso de parto completo; sin embargo, pudo ver a su abuela atendiendo con todos los cuidados previos y posteriores. Como un hábito ancestral, esperaron a que saliera la placenta y la enterraron junto a un árbol de higo, algo que llamó la atención de Linda y despertó una enorme curiosidad por ser ella quien los atendiera.

Esta es una tradición común en México y en poblaciones Purépechas. Los Purépechas son uno de los 68 grupos indígenas en México. La mayoría de estos se encuentran en el noroeste de Michoacán, donde creció Herlinda. Sus padres son artesanos que se dedican a la elaboración de campanas y petates de mimbre. Ella y sus hermanas crecieron hablando Purépecha.

De acuerdo con el Consejo Nacional  de Evaluación de la Política de Desarrollo Social  (CONEVAL), más de 7.3 millones de mexicanos son hablantes de lenguas indígenas, representando al 6% de la población del país. Más de la mitad de esta población vive en municipios indígenas, sin embargo la mayoría de estos están empobrecidos, lo que complejiza el acceso a la educación, especialmente para las niñas.

Desde niña, Herlinda sabía que quería estudiar. Atestiguar el nacimiento de su hermana, y presenciar los cuidados de su abuela la hicieron interesarse en una carrera en el área de la salud.

El sueño de Herlinda siempre fue poder acompañar a las personas durante el parto.


Rompiendo barreras

Herlinda comenzó la carrera de enfermería general en Pátzcuaro, a una hora de su hogar. No fue una transición sencilla.

“Mi lengua natal es el purépecha, entonces al principio yo me cansaba de hablar español todo el día,” cuenta Herlinda, “también era complicado porque mis compañeras veían a mi familia, mi mamá cómo estaba vestida con faldas típicas y me preguntaban por qué se vestía así.”

Los comentarios y la discriminación iban más allá del salón de clases. “Una vez hice rotaciones en un hospital privado. Yo sentía que me trataban diferente, me preguntaban qué hacía allí yo si era indígena, no me dejaban atender pacientes…” recuerda.

Ella no era la única pasando por una situación así. En 2020, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía  (INEGI) reveló que 24% de la población indígena en México había experimentado por lo menos algún tipo de discriminación, ya sea por su forma de hablar, vestir, o creencias religiosas. Estos patrones se repiten en el sector salud, donde muchas personas de origen indígena son discriminadas y reciben comentarios ofensivos y un trato irrespetuoso.

Continuando con la carrera de enfermería, Herlinda tuvo una revelación: lo que ella realmente quería era atender partos, y dedicarse de lleno a eso. A la mitad de sus estudios, escuchó hablar sobre la escuela de partería profesional Mujeres Aliadas, y decidió darle un giro a su carrera.

Herlinda recuerda muy bien la primera vez que estuvo presente en un parto como estudiante en Mujeres Aliadas. Era un sueño que había tenido por mucho tiempo: poder acompañar a alguien durante un momento tan importante. Ella, junto a sus compañeras de la carrera de partería profesional, prepararon el espacio para atender a la mujer que daría a luz ese día; le dieron masajes en el vientre, prepararon una tina con agua y hierbas.

“Mis compañeras más avanzadas en la carrera fueron quienes se encargaron de atender el parto,” cuenta, “pero yo estuve acompañando y me quedé sorprendida… esto es lo que a mí me gusta, descubrí así que este era mi lugar.”

El primer parto que Herlinda presenció y acompañó, cambió su vida para siempre

“Este es mi sueño”

Actualmente, Herlinda es pasante con Compañeros En Salud y labora en la Casa Materna de Jaltenango. Sus conocimientos y conexión con las mujeres la guían en su trabajo todos los días.

“Para mí la partería significa algo muy hermoso, porque es acompañar a las mujeres durante este proceso,” dice “y es poder darle la libertad de elegir en qué posición quiere parir, quién quiere que la acompañe… y la historia de cada mujer es diferente.”

Después de terminar la pasantía, los planes de Herlinda son regresar a San Andrés Tziróndaro, Michoacán, para apoyar a las mujeres de su comunidad y seguir siendo un ejemplo para aquellas que quieran desarrollarse profesionalmente.

 “Yo me siento orgullosa de ser partera, este es mi sueño, y yo quiero acompañar a cada una de las mujeres que tenga oportunidad de atender,” dice.